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LA BARRA. A cuarenta minutos de vuelo de Buenos Aires hay otro planeta. Ese puede ser el resumen del panorama que ofrece Punta del Este, escenario de un fervor edilicio solo comparable al de Miami en tiempos de hipotecas felices o al de la costa andaluza cuando el boom inmobiliario convirtió al ladrillo en el mejor verde. Hoy el reloj esteño estará sincronizado con el de Washington DC, porque lo que haga Obama tendrá mucho que ver con el futuro de esa cadena de proyectos que van del controvertido, y muy vendido, complejo Delamar, a Las Garzas, el nuevo megadesarrollo de Eduardo Costantini en Laguna Garzón. Se preguntará el lector, ¿qué tiene que ver con el arte este frenesí inmobiliario que atrae a la Península capitales belgas, suizos, canadienses, noruegos, ingleses, armenios, franceses y argentinos? Mucho que ver .
Un conocido broker señalaba el sábado en la comida anual del Médano -con su show amateur en el que se destacaron por lejos las hermanas Aguirre y los hermanos Smith Estrada-, que si un porcentaje mínimo de los más de 1000 millones de dólares que se han derramado sobre el Este, en forma de condominios, spa, hoteles, chacras, "manors" y torres, se destinara a la compra de obras de arte, el Uruguay viviría un fenómeno de ventas sin precedentes. Algo de esto esta pasando. Más de 2000 personas reunió el escultor Pablo Atchugarry en el lanzamiento de la muestra de esculturas en la fundación que lleva su nombre, camino de San Carlos. La renovada Galería del Paseo (Manantiales) exhibe obras de Rimer Cardillo, que partirán para Londres; y de Ricardo Pascuale, escultor originalísmo heredero de la tradición constructiva y de la "madera" cultural de la clase política del país vecino. Master en economía, Pascuale fue dos veces presidente del Banco Central e instituyó el premio de pintura Pedro Figari, hecho que lo coloca en pie de igualdad con Martin Redrado, creador del Premio de Pintura del Banco Central de la república Argentina, el mejor dotado en fondo para los ganadores, e iniciador de una colección de pintura para la sede de la autoridad monetaria. En José Ignacio, a pocas cuadras de La Huella, galería de las Misiones, espacio generoso con vista al mar, se ven las obras de Torres, Gurvich y de los concretos María Freire y Costigliolo, cuyas trabajos de los cincuenta mantienen plena vigencia. Las galerías de arte acompañan la fiebre inversora del Uruguay. Hay quienes piensan que este boom podría verse incentivado por el tsunami financiero que asola el planeta. * * * Acqua, el más sofisticado de los proyectos, encarado por los inversores Podestá&Agardi, lleva la firma del premiado uruguayo Rafael Viñoly (Museo Fortabat). Son terrazas voladas y vidriadas con "ocean view" y espejos de agua que replican el paisaje. En uno de sus cotizados manors (unidades de 1500 metros) se exhibe una obra de Pablo Atchugarry. El artista, además de su fundación camino de San Carlos, tiene su taller en Lecco, Italia, donde trabaja con enormes bloques de mármol de Carrara. Actualmente trabaja en una escultura de gran tamaño para celebrar los 100 años de Punta del Este; falta saber cuál será su emplazamiento. El conocido escultor que expuso en Arco y Basel, y tiene obras en colecciones de Montecarlo, Bologna y Miami, ofreció a escultores uruguayos integrar una gran muestra en las 27 hectáreas de su chacra, museo y taller. Atchubarry vive d´´ias de intensa actividad: será parte del proyecto "La máquina & el arte", impulsado por el empresario Jorge Gómez, quien ha puesto en manos de un grupo de artistas rioplatenses (Stupía, Minujin, Atchugarry, Compagnucci y Polesello, entre otros) los capots originales del Porsche 911, para que sean intervenidos con la estética personal de cada uno. Serán exhibidos ?anticipó Gómez a LA NACION-, en abril en el Alvear Palace. Inquieta en la zona de José Ignacio el avance del desarrollo de residencias exclusivas bajo la marca The Setai, desarrollo inspirado en el espíritu oriental-minimalista del hotel del mismo nombre con base en Florida, Estados Unidos. Por ahora, el show room es una gran carpa enriquecida por el arte gastronómico de Jean Paul Bondoux (La Bourgogne). Allí celebró el fin de año la bodega Chandon. Más al Norte, está en actividad el Hotel Vic, propiedad de un inversor noruego, dispuesto a darle un clima ligado al arte a cada una de las habitaciones. La residencias articuladas de Grey Stone (Aisenson-Stier) se han enriquecido con la presencia de una obra mayúscula de Gyula Kosice y está previsto la incorporación de obras de arte en los espacio comunes. Otro tanto sucede en Delamar, habitada en su mayoría por coleccionistas, galeristas y gente ligada al mundo del arte. En la fiesta inaugural de Villalago, el artista Raúl Sampayo realizó in situ, con maderas y troncos del lugar, una de sus esculturas ecológicas. Fue con un proyecto similar, de concepto ecológico, ganó un concurso en España, lanzado por un club de golf que quería incorporar arte a su entorno. Sampayo y su mujer Silvy Martínez tienen su casa-taller en el camino Eguzquiza, calle 2 de Las Macetas, La Barra, y admiten a coro haber comprometido muchas de sus obras para clientes europeos. Dato fundamental: los precios son sensiblemente inferiores a las cotizaciones que se manejan, aún después de la crisis, en el mercado internacional. La idea se sumar casa-galería tentó también a Marcos Zimmermann. En la propiedad que proyectaron con Humberto Tortonese, a la manera de una casa del Tigre sobre un bañado de totoras, piensa incorporar un galería, para recibir a sus invitados y mostrar su selección de fotografías en las que se cruzan en el instante efímero del clic la naturaleza y su mirada perfeccionista. En la Punta, sigue cosechando compradores y admiradores, Milo Locket, en la galería de Daniel Maman. Mientras que un clásico esteño como Jorge Castillo, de galería Sur, exhibe una selección de trabajos vinculados con el arte y la psiquiatría. |